El Verdadero Sancocho Trifásico

La Ola Caribe

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SINFONÍA LATINA

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el verdadero sancocho trifásico

Por Mauricio Zapata

fotos Jairo Guzmán

Roberto regresó de Nueva York después de vencer la muerte. Durante tres años libró una batalla infernal contra una bacteria que se lo estaba comiendo a pedacitos (Fasciitis Necrotizante). Regresó a mi casa en Altos de Pradomar, debido a que teníamos una cita con el pasado, por culpa de Wikipedia que lo buscó por cielo y tierra para indagar acerca de un evento musical llamado Sinfonía Latina que se llevó a cabo el día 7 de mayo de 1976 en el Teatro Municipal de Barranquilla en obra negra (hoy Teatro Amira de la Rosa).

Resulta que hace 42 años Margarita Galindo me habló de un muchacho llamado Roberto SINFONÍA LATINA el verdadero sancocho trifásico McCausland Dieppa quien, a los 15 años, interpretaba de manera fascinante piezas de música clásica en el piano.

Para principio de las cuentas y de los cuentos, nos citamos con Roberto McCausland Dieppa, y apenas nos vimos nos pusimos a hablar de música, por supuesto.

Para la aritmética de los asuntos y de la historia, yo había organizado en Barranquilla seis o siete conciertos de rock and roll y andaba buscando qué hacer. Cualquier día Margarita Galindo y yo llegamos a su casa y nos encontramos con un bebé, hijo de papi y mami.

Y a quien, de acuerdo con mi manera de ver las cosas, nunca le habían puesto pañales sino partituras de Beethoven, Liszt, Mahler, Wagner y Bartok. Le presenté los motivos de mi visita y el niño me contestó que le gustaría trabajar conmigo en un proyecto de esa índole. Es decir: montar un concierto de rock, para la ‘crazy people’ de Barranquilla. Me fui y lo dejé soñando con su invento. Luego, en otra cita, después de haber madurado ideas (cosa que a mí me resultaba difícil por la estatura física, mental, psicológica, moral, intelectual y filosófica de un niño de 15 años) me soltó el balonazo de que quería escribir una Sinfonía Latina. Para mí, que estaba acostumbrado a lidiar con toda clase de locos musicales, este era el propio viaje a las estrellas y lo único que me dije a mi mismo fue: después de todo, cualquier cosa es posible.

El primer imposible fue pedir prestado el Teatro Municipal, que se encontraba en plena y total obra negra. La verdad es que para este propósito, el nombre de Roberto McCausland Dieppa y mi historia de productor de conciertos, sirvieron bastante. También ayudó mucho el nombre de Carlos Dieppa Delgado, abuelo de Roberto, quien había sido el presidente del Centro Artístico durante 30 años.

En ese momento es cuando los dos encontramos que lo único que nos alimentaba era aquella historia fantástica de que la fe mueve montañas. Después de lidiar con los músicos de nuestro país: fantásticos, rebeldes, locos, incoherentes, indisciplinados, llegué a la explosiva conclusión de que la aventura tropical que nos proponíamos llevar a cabo Roberto y yo, tenía todos los síntomas de la locura absoluta.

Después de varias conversaciones, Roberto se puso a la tarea de escribir Sinfonía Latina y yo a la tarea de producir el concierto que se llevaría a cabo en un lugar fantástico como era el Teatro Municipal en construcción. Esta crónica a cuatro manos (dos manos de Roberto más dos manos de Mauricio) tiene el propósito de rendir un respetuoso homenaje a Margarita Galindo por habernos reunido; y a los doctores Rafael Juliao y Alfredo de la Espriella por haber confiado en nosotros y habernos prestado el Teatro Municipal en obra negra. A los músicos participantes, y a los demás colaboradores, queremos rendirle nuestro más sincero tributo y las más sinceras muestras de respeto y agradecimientos. En la ejecución participaron: Banda Mancini Orquesta integrada por: Bruno Mancini, guitarrista Jean Carlo Mancini, baterista y percusionista Christopher Williams, bajista Gustavo Berdugo, timbales Ñero Cartagena, congas Ricardo Rey y Victor Rey, trompetas y cornos Alberto Barros, Leonardo Borrero y Paco Barros, trombones Kathie Vaneman, Nancy Blanco, Ray Watts, Ken de Vou, Dioby Borrero, coros Juan Manuel Reyes, invitado especial (interpretación de Preludios de Bach) Odin Arregocés (Juan Carlos Buggi), diseño gráfico Socorro de Arregocés (Nadie), performance Efraín Perdomo, luminotécnico Mario Valderrama, maquillaje.

Un enorme y especial agradecimiento a Pacho Galán quien, de la manera más desinteresada, puso a disposición del proyecto Sinfonía Latina toda su creatividad y sus mejores músicos. La primera tarea fue conseguir fondos. Para cumplimiento de este objetivo, le solicitamos recursos a Néstor Mósseres (Mósseres & Cia), Simán Plast y Zippers Yidi. Cada uno de ellos tuvo la buena voluntad de aportarnos 400 pesos para transporte y otros menesteres porque la alimentación y refrigerios los sirvieron de manera abundante durante nueve meses en la casa de Bruno Mancini, padre de dos de los músicos. Fueron meses de concienzudos ensayos, hasta lograr un ensamble que sorprendió al país entero, y por lo que vemos, también a Wikipedia.

El día del concierto fue inimaginable. Esperábamos un aforo de 400 a 500 personas y fue superado por más de 3.000 espectadores dentro del teatro y otro tanto fuera del teatro. Sinfonía Latina resultó ser una verdadera sinfonía latina y los comentarios favorables acabaron por llamar la atención de la prensa, la radio y la televisión local y nacional.

El programa que se interpretó fue el siguiente:

https://laolacaribe.com/wp-content/uploads/2-86.jpgI. Obertura, Dos temas: dramático y animado. Los sueños de Madame Mazhari y los Nibelungos desvelados (Mdme. Mazhari, madre de la primera novia de McCausland Dieppa, gustaba leer hasta tarde en las noches].

II. Adagio: Mares intermitentes, similitudes y diferencias entre el Caribe y el Mediterráneo.

III. Scherzo: franco fulgurante y la intermitente España, dedicada a los héroes de la Guerra Civil Española de los años 30 del siglo XX, específicamente al Tío Tomás Vera, hijo del matemático español Vera y miembro de la familia, con escalas frigias. (Luego hubo programa especial en memoria de Don Tomás en conmemoración de su aniversario en Bogotá, en 1990.

IV. Epílogo: Rondó estrepitoso (ruidoso) Qué lástima, don Emiliano Zapata! Dedicado al héroe mexicano y su impertinente manera de esconderse. Luego el final interminable e incesante. A continuación el poema ejecutado por el coro: Poema Sinfonía Latina (Iota, gitana, rock llanera) Tercer movimiento Al mar de la montaña (De la Sierra Nevada al Caribe)

I. Bajando vengo ahora De la gran montaña Danzando las colinas Un día ensoñador

II. Distantes lindos techos Endulzan las cosechas Mirando las ranuras Un mundo arrollador…

II. Caminos y senderos Vistosas ensenadas Veredas de verdades Se ven con luz, color…

III. El mar se viste claro De lejos limpio el mundo Acércate a la vida Se cubre sin amor

IV. Pensantes todos somos Pasión sin buen camino A Thales Mileto Miro con gran dolor Refrán:

V. Y canto porque amo Y amo porque quiero Y canto al gran rio que limpia mi dolor.

Para sorpresa nuestra, Sinfonía Latina abarcó toda clase de públicos. Y hoy nos vemos en la obligación de estar atentos al futuro del asunto, por culpa de Wikipedia.

Nosotros sabíamos que la obra negra del Teatro Municipal sería infinita. Luego llevar a cabo el concierto de Sinfonía Latina en este lugar sería nuestra más rigurosa protesta.

Robert y yo queremos agradecer a nuestros padres Violy, Roberto, Lucy y Harold, por habernos dado la vida para poder cumplir con la sagrada tarea de ayudar a salvar el Planeta Tierra.

Roberto McCausland y Mauricio Zapata

https://laolacaribe.com/sinfonia-latina/

9 de junio