La música de Bartók y Gabo

Latitud 04 de Mayo de 2014

La música de Bartók y Gabo

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Nacido en Hungría en 1881, Béla Bartók murió en Nueva York en 1945. Pianista y compositor, fundador de la etnomusicología.

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Roberto McCausland Dieppa

Además de aplausos y vallenatos, en la velada del 10 de diciembre de 1982, cuando Gabo recibió el Nobel de Literatura en Estocolmo, escuchó composiciones del pianista húngaro Béla Bartók. Igual ocurrió en el adiós de las cenizas del escritor. El pianista McCausland Dieppa, autor del artículo, acerca el mundo de ambos protagonistas a través de sus oficios.

Buscando las partituras de la sonata de Liszt, después de llegar del colegio una tarde encontré un montón de discos nuevos, aparentemente enviados por mi abuelo, sin instrucciones de pertinencia. Carátulas tan coloridas, expresivas, temáticas, exigiendo atención, y la enérgica curiosidad excedió la cortesía de dejar enseñármelas por el adulto perteneciente. Stravinski, Janacek, Dvorak y luego el título Danzas Rumanas de Hungría –Bartók, Béla– sobre unas figuras de bailarines en colores profundos y excitantes, al estilo de Obregón. Al escucharlas en el tocadiscos de mis padres, como la música de Liszt, estas seis danzas en versión orquesta se convirtieron parte indispensable del repertorio. La indagación por entender y ser parte del recóndito trabajo de Bartók y de Liszt continuó, sin pensar en que sobre todo Bartók formaría parte histórica y emotiva de nuestro legado artístico colombiano mundial.

Bartók, Béla como lo llaman los magiares, nació en una pequeña población entre el borde húngaro y rumano –Nagyszentmiklos –Gran San Nicolás– aun hoy día de unos diez mil habitantes. Luego de mostrar gran aptitud musical con estudios en casa, su madre se ocupa de llevarlo a ciudades cercanas con la meta de eventualmente establecerse en Budapest, lugar culturalmente más apropiado.

Bartók, Béla, orden del nombre, y en términos caribes, García Márquez, Gabriel, en Budapest aprende los grandes compositores clásicos y los contemporáneos, conoció a Richard Strauss, su amigo Kodaly (una especie de Cepeda con quien formaliza la cultura musical húngara/autóctona) le trae composiciones de Claude Debussy, de París, estudia con descendientes musicales de Liszt y aprende el estilo de Brahms –es decir, absorbe el medio sociocultural y luego político– sus primeras composiciones son dedicadas a Kossuth, héroe del atentado revolucionario de 1844. Comparativamente, acontecimientos similares a lo ocurrido con Gabo al salir de Aracataca, y su relación con el Grupo Barranquilla, en La Cueva.

Luego de dominar el idioma clásico musical, su pasión por la multicultura autóctona húngara, en Budapest, el área en donde el oriente y el occidente del Viejo Continente se unen creando y manteniendo pequeñas subculturas, como nuestro Caribe. Bartók crea una nueva forma de expresión e idioma musical basado en cuentos, leyendas y vida cotidiana –allegro Bárbaro (1911), su pieza iniciadora, rompió todos los límites previamente establecidos en la composición tradicional, creando un nuevo lenguaje musical solidificado en su ópera El castillo del Barba Azul, el ballet Príncipe de Madera y el Mandarín milagroso, el cuarto cuarteto de cuerdas y su obra cúspide, Música para cuerdas, percusión y celesta. Digamos, el período de la La hojarasca a Cien años de soledad de García Márquez.

Similar a las complejidades y avances que García Márquez ha legado al español y su expresión literaria, el idioma musical de Béla, es sobre todo rítmicamente avanzado; a veces suena similar al jazz, otras al rock, aun otras a claves afro-caribes: definitivamente en el uso de combinaciones rítmicas asimétricas. Sonidos connotan sensualidad, a veces abiertamente sexualidad, otras veces melodías encantadoras y mágicas como en el caso de las Danzas rumanas (1917), y a veces simples, sublimes canciones y motivos que definen al compositor. Como nuestro Premio Nobel, hombre de carácter y pensamiento, alma, corazón y mente en orden, salió de Budapest a vivir en Nueva York por consciencia y sentimiento político.

Pero la soledad, o en portugués aún más descriptivo, saudade, el desahucio, la absoluta quietud temporal en donde cada segundo es un universo en vida; la aparente inmovilización enérgica, humana, material, el sentido estático como una piedra en vida, en Bartók y su música es único. En Al aire libre, música nocturna, subsecuentemente los movimientos lentos de los cuartetos cuarto al sexto, el sentimiento del aislamiento desértico temporal, del cual García Márquez es único en la literatura (inclusive el sonido de las chicharras), se encuentra en expresión musical; una liga profunda, penetrante e insondable entre García Márquez y Bartók: literatura y música se encuentran cara a cara en la profunda expresión artística.

La paralela vida y expresión artística entre nuestro laureado Gabo y Béla nos lleva a la noche en que recibió el Premio Nobel. García Márquez, un artista universal con su carácter y disciplina formada, escoge parte de una obra maestra, madura, compleja pero llena de humor, picardía, emoción, inteligencia, escrita cuando el compositor estaba totalmente desenvuelto, y tal vez en su mejor periodo, a sabiendas de la cercanía de su propio fallecimiento, de Bartók como música durante la entrega del Premio Nobel. De este período sublime de Béla Bartók se cristaliza su sonata para violín, el sexto cuarteto de cuerdas, el tercer concierto de piano, y su obra más popular, el Concierto para orquesta. De obra en estilo concertante italiano, es decir, familias de instrumentos concertando o conversando internamente (sin solista), Gabo escoge el cuarto movimiento, Intermezzo Interrotto. Un intermezzo interrumpido por temas basados en el vals de la Viuda alegre, de Lehar, en donde muchos pretendientes la desean por el dinero. Una buena lección para muchos, ninguno obtiene suceso. A su vez, Bartók nunca supo de lleno el gran éxito y suceso que esta pieza musical obtuvo. En términos de producción literaria de Gabo referente, este trabajo de Béla, se centraría después de El general en su laberinto, mirando hacia Memoria de mis putas tristes; más claramente un genio artista maduro ya realizado.

Hace pocos días, amigos, al enterarse de que Bartók y su música formarían parte del servicio de despedida de nuestro laureado escritor Premio Nobel, figura prima en la literatura mundial contemporánea en ciudad de México, llamaron. La pregunta –¿por qué Bartók, si Bartók era húngaro o de esa parte del mundo?… Porque Gabriel García Márquez no es solo de Colombia, sino del mundo, in ‘toto’, creando ligas y legados artísticos, culturales, internacionales y universales.

A su vez, otras celebraciones, el Réquiem en re menor k 626, de Mozart, resonó. Solo el Kyrie, Dies Irea, el Ofertorio y el tema de La Lacrimosa (una de las piezas más sentidas en el repertorio) fueron realmente escritos por el compositor aunque generalmente se ejecuta toda la misa.

Requiem aeternam dona eis, Domine, una gran despedida y encomienda al mundo. “Dios, concede a ellos eterno descanso”.

Johannes Brahms referenciaba que la orden era para los aún vivos en la tierra.

Pianista y director de orquesta barranquillero. 

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